LO BUENO, SI BREVE… EL ARTE DE LA SÍNTESIS (I)

LO BUENO, SI BREVE… EL ARTE DE LA SÍNTESIS (I)

Per Melcion Mateu.

En su Oráculo manual y arte de prudencia, Baltasar Gracián (1601-1658) dio la consigna que se convirtió en dicho: “Lo bueno, si breve, dos veces bueno”. La cita continúa: “y aun lo malo, si poco, no tan malo”. A un texto literario le pedimos necesariamente que sea breve, pero también que, de algún modo, sea “bueno”. De no serlo, resulta trivial e innecesario. Hay géneros, tanto en verso como en prosa, que hacen de la brevedad una necesidad, y de la necesidad una virtud. Un ejemplo lo encontramos en los epitafios: una frase o un breve párrafo para resumir el sentido de una vida. Es célebre lo del poeta chileno Vicente Huidobro (1893-1948):

                    Abrid esta tumba: al fondo se viene el mar.

Por un lado, la asociación entre mar y muerte es un tópico de resonancias clásicas; por otro, la invitación a profanar una tumba resulta provocativa, aún más en un escenario real. Abrir una tumba para encontrar el mar es un acontecimiento insólito, un hecho y una imagen a la vez llenos de sentido y en consonancia con la poética vanguardista (creacionista) del autor.

Otro ejemplo clásico son los epigramas: un par de versos que lo dicen absolutamente todo. Al poeta romano Catulo (s. I aC), le debemos un ejemplo formidable que transcribo en el original latín y acompaño de traducción:

                     Odio te amo, quare id faciam fortasse requiris?

                     Nescio, sed fieri sentio te excrucior.

                    (Odio y amo, ¿por qué es así, quizás, me preguntas?

                     No lo sé, pero así lo siento y sufro.)

Se puede decir más con menos palabras? En el original sería difícil: cada palabra tiene otra que la sostiene, a veces de forma contrapuesta: los conceptos de odio y amor (“odio”/ “amo”) el “quizás” (“fortasse”) y el “pero” (“sed”). La sonoridad de la última palabra en latín (“excrucior”) es brutal, como la de algo que se agrieta y resquebraja. En sus poemas, Catulo describió como nadie los altibajos de la pasión amorosa: desde el enamoramiento ideal al desamor más cruel y amargo: en solo dos versos concentró toda la fuerza sus contradicciones.

Algunas formas poéticas reivindicadas por la modernidad favorecen este tipo de trabajo: Algunas formas poéticas favorecen el trabajo con este tipo de imágenes: es el caso del haiku (o haikú) japonés, composición breve que en su adaptación castellana consta de tres versos siguiendo el esquema silábico 5-7-5. El haiku tradicional consiste en el arte de captar el instante en sus aspectos más sutiles. A través de imágenes aparentemente sencillas y con un mínimo de recursos, algunos están cargados de fuerza sensorial y llegan a ser muy sugerentes. Veamos este de Matsuo Bashô (1644-1694):

a cada ráfaga

se desplaza en el sauce

la mariposa

                    (traducción de José María Bermejo)

La escena es sencilla: una mariposa ante un sauce sacudida por el viento. Pero el haikú nos presenta primero el movimiento (primer verso), después el escenario (segundo) y por último se fija en el elemento central (último). El ritmo sinuoso del poema —con alternancia de versos de medida diferente— y el orden sintáctico de presentación de los elementos reproducen el aire y el movimiento: en cierta manera, el haiku es la ráfaga.

Siguiendo en parte la inspiración de los orientales, e influidos por el impulso innovador del Futurismo, el norteamericano Ezra Pound (1875-1972) y otros poetas anglosajones fundaron en Londres un efímero movimiento de vanguardia conocido como “Imagism” o Imaginismo (1914-1917). Los imaginistas buscaban un lenguaje sintético, de imágenes llamativas e innovadores ritmos s. Querían acercar la poesía a la inmediatez de las artes plásticas, en particular a la escultura. Sus poemas constituyen un verdadero laboratorio para renovar la imagen poética. Ezra Pound nos ha dejado un manifiesto en tres puntos donde nos ofrece la “receta” de todo buen poema imaginista:

1. Tratamiento directo de la “cosa”, sea objetivo o subjetivo.

2. No usar ninguna palabra que no contribuya en absoluto a la presentación.

3. En cuanto al ritmo: componer en la secuencia de la frase musical, no en la del metrónomo.

Fórmulas parecidas basadas en la brevedad, precisión y capacidad de impacto imperan en el mundo actual en expresiones que van desde los mensajes del twitter a los titulares periodísticos, de los eslóganes publicitarios a la poesía visual. En una próxima entrada, hablaremos de su aplicación en la narrativa.