Los beneficios de escribir

11 DE MAYO DE 2016 | 1661

Escribir es una forma de evadirse, de huir de la rutina y de olvidar durante un rato los problemas para focalizar la concentración en otros mundos o, simplemente, en las palabras que encadenamos en una hoja. Pero esta afición va mucho más lejos, pues según afirman numerosos médicos, psicólogos y psiquiatras, el proceso de la escritura nos ayuda a sentirnos mejor y a desarrollar muchas de nuestras capacidades.

Más allá del puro entretenimiento, la escritura creativa es útil para muchas facetas de nuestra vida. Desde mejorar el sistema inmunológico hasta tratar la depresión, esta actividad tiene beneficios sorprendentes.

Un cerebro en forma

Nunca es tarde para aprender. Es innegable que escribir ayuda al rendimiento académico, pero también al laboral. Estructurar y ordenar el pensamiento, estimular la creatividad, aprender a organizarse y mejorar las competencias lingüísticas son beneficios que aporta la escritura y que resultan útiles toda la vida.

Además, cuando creamos desarrollamos tanto la capacidad artística, como la curiosidad de exploración y de investigación. Así, a través de la escritura nos documentamos, empatizamos con nuestros personajes e imaginamos posibles tramas. De un modo natural aumentamos nuestro conocimiento y nuestra cultura, así como trabajamos nuestras distintas inteligencias.

El psicólogo más económico

No cabe duda de que el arte es terapéutico. Escribir puede ser el mejor bálsamo para aliviar angustias, sanar el dolor o incluso paliar trastornos psicológicos. Y es que, tal como afirma Javier Melguizo, arterapeuta, “la creación simbólica ayuda a integrar en nuestra personalidad lo que hemos negado por miedo o dolor y que necesita expresión, comprensión y aceptación”.

Tanto la escritura creativa como la terapéutica –hablar sobre los propios problemas y emociones– tienen una función catártica necesaria. En ocasiones, el hecho de plasmar pensamientos e imágenes sobre el papel exorciza recuerdos o angustias. Crear un cuento a partir de una experiencia traumática o una idea obsesiva puede ayudar a relativizar el problema o a dejarlo marchar. Asimismo, al tratarse de una actividad divertida, relajada y que requiere abstracción y concentración, reducimos el estrés y la ansiedad. La persona deja de pensar en muchas cosas a la vez y se ve obligada a abandonar los estímulos externos para centrarse en el relato.

beneficios de escribir

Un estudio de James W. Pennebaker, de la Southern Methodist University de Dallas, demostró que escribir sobre nuestras emociones es muy beneficioso para la salud mental. Para ello, dividió los participantes del experimento en dos grupos. El primero escribió sobre temas superficiales durante cinco días consecutivos –media hora diaria–, mientras que el otro grupo hizo lo mismo pero relató sus propias emociones. Los resultados demostraron que los integrantes del segundo grupo mejoraron su salud física, redujeron el estrés y aumentaron la productividad en el trabajo. El análisis también comprobó que el hecho de trasladar sus vivencias al lenguaje contribuyó a mejorar su humor y a reducir los riesgos de sufrir depresión.

Si uno lo prefiere, también funciona escribir ficción, pues, según Melguizo, “los relatos imaginarios se ponen en relación con la propia vida de la persona, estableciendo paralelismos entre la ficción y los conflictos reales”. Él mismo se pone de ejemplo: “cuando me he atrevido a dar forma escrita a mis pensamientos a través de textos de ficción, he notado una mejora en mi estado de ánimo”.

La clave está en el lenguaje y en la imaginación; a través de la expresión racional y cotidiana no podríamos explicar ciertos contenidos íntimos que sí que encuentran cabida desde la máscara de la ficción.

Influencia en nuestro cuerpo

Quizás las influencias que tiene la escritura sobre la mente son más comentadas, pero el cuerpo también sale beneficiado.  Tal como explica la arterapeuta Mónica Cano, “expresar, distanciarse y crear artefactos literarios, ahonda en la percepción consciente de la existencia y, por lo mismo, en la salud de un modo integral”.

Tal como han demostrado estudios como el de Pennebaker, esta actividad mejora el sistema inmunológico, aumenta la calidad del sueño y combate el insomnio, controla la presión arterial y mejora nuestro autocontrol para dejar el alcohol o el tabaco, entre otras adicciones. Además, como escribir implica reflexión y concentración, es una de las mejores formas de mantener joven y activo el cerebro.

Tanto es así, que los científicos apuntan que escribir ayuda a paliar los síntomas de muchas patologías, como el Parkinson. El caso de Salvador Riera así lo demuestra. A los 54 años fue diagnosticado de esta enfermedad degenerativa e incurable. Empezar a escribir no solo le ayudó psicológicamente –gran parte de los casos termina en depresión–, sino también a reducir el efecto de sus síntomas. Salvador se dedica a escribir poesía y, según sus propias palabras, la complejidad lingüística que exige le ayuda a mantener el cerebro en forma. “Mi teoría es que la intensa actividad creativa de la escritura hace que mis neuronas tarden más en morir” –explica– “los médicos se muestran escépticos ante esta hipótesis, pero a la vez reconocen la utilidad de la actividad”.

Cuerpo y mente están unidos, y las emociones contribuyen enormemente en la mejora de muchas patologías. Por todos los beneficios psicológicos mencionados, escribir también puede incluirse en los tratamientos de enfermedades graves como el cáncer. Y es que una actitud positiva y una mente sana son un buen aliado para luchar contra cualquier enfermedad o, al menos, para mejorar su vivencia y suavizar sus efectos y síntomas.

Más allá de los beneficios físicos, lo que resulta indiscutible es que la escritura es una forma singular de expulsar los propios demonios. Tal como diría Gabriel García Márquez, “el escritor escribe su libro para explicarse a sí mismo aquello que no se puede explicar”.