La escuela de escritura como jardín

7 DE ABRIL DE 2022 | 724

Este año seguirán cambiando muchas cosas, dentro y fuera del Laboratori de Lletres. Pronto podré contar un notición. Pero hoy todavía no puedo decir nada... Hoy quiero hablarte de algo que ya hace tiempo que hacemos de la misma forma en el Laboratori de Lletres y que todo apunta a que lo seguiremos haciendo igual, porque es un poco lo que nos caracteriza. Se trata de nuestro método. Nuestra forma de ver la enseñanza de la escritura y de la comunicación.

Para hablarte de esto, me remitiré a Ken Robinson. ¿Le conoces? Era el educador, escritor y conferenciante británico que decía que las escuelas matan la creatividad. Y lo decía en unas TED Talks llenas de hechos, crítica y humor, que puedes recuperar (o descubrir) aquí.

Decía Ken Robinson, pues, que la escuela pública actual trabaja a partir de un modelo industrial basado en la linealidad y la conformidad, y que, como sociedad, necesitamos ir a buscar un modelo basado en los principios de la agricultura: nos tenemos que dar cuenta de que el desarrollo humano no es un proceso mecánico; es un proceso orgánico. Y por eso tenemos que dejar de trabajar como si estuviéramos en una línea de fabricación de coches y empezar a trabajar según la tierra de cada lugar, el clima de cada rincón y el crecimiento que vayan mostrando nuestras plantas tan pronto como empiecen a brotar. Una fábrica se puede automatizar, porque cada día pasarán por allí las mismas piezas de la misma manera, y después saldrán productos todos absolutamente idénticos. Una escuela no puede gestionarse de la misma forma: no se puede predecir el resultado del desarrollo humano. Todo lo que podemos hacer, como si fuéramos agricultores, es crear las condiciones adecuadas en las que este desarrollo humano pueda prosperar.

Robinson lo decía para hablar de la escuela pública. Nosotros nos lo aplicamos también a nuestra escuela, tanto cuando trabajamos con cursos de escritura literaria para particulares, como cuando vamos a impartir un curso de mejora de la comunicación escrita en una empresa, como cuando analizamos y criticamos los proyectos con los alumnos del Máster en Creación Literaria.

Siempre decimos que hay dos tipos de escritores. Es una simplificación, naturalmente, porque hay tantos tipos de escritores como gente que escribe. Pero sí hay dos tendencias a la hora de escribir: una más ordenada, de quien escribe de forma racional, que no se pone a escribir hasta que no tiene bien pensado todo lo que quiere transmitir; y la otra más desordenada, de quien escribe de manera intuitiva, que empieza a escribir sin saber hacia dónde irá su historia o cómo ordenará su discurso.

En el Laboratori de Lletres desde el principio apostamos por encontrar maneras de guiar a alumnos que trabajan de manera intuitiva. Es un reto, porque no existen fórmulas. A quien escribe de manera racional se le puede dar una pauta, un camino, una guía: piensa en el tema, piensa en los personajes, desarrolla una estructura de la historia, haz la sinopsis, y una vez lo tengas todo claro, escribe. Así es como trabajan la mayoría de las escuelas de escritura, y así explican la escritura la mayoría de los manuales que puedes encontrar en las librerías.

Así que la enseñanza de la escritura tiene un vacío inmenso para alumnos que escriban de forma intuitiva. Porque quien escribe de forma intuitiva no puede seguir el camino racional. Porque se bloqueará. No puede contestar a las preguntas que se hace y se responde alguien que toma el camino racional: ¿de qué va la historia? ¿Quiénes son los personajes? ¿Cuál es el conflicto? ¿Qué ocurre en la historia? ¿Cómo termina? Quien escribe de manera intuitiva no responde a preguntas, sino que escribe escenas donde ocurren cosas y se van viendo personajes, pero todavía no sabe por qué pasan estas cosas a estos personajes, o por qué quiere escribir esta historia y no otra.

Así, quién escribe de manera intuitiva, si no puede seguir una pauta, ¿cómo consigue llegar a buen puerto? Pues a partir de ser consciente de su creatividad, su proceso creativo.

Y si hablamos de creatividad, debo volver a otra de las premisas de Ken Robinson: la creatividad inherente a la equivocación. Robinson hablaba de cómo los niños pequeños no tienen miedo a equivocarse. Decía que esta facilidad para decir y hacer sin miedo a errar les viene de la creatividad. Después, la escuela les enseña que se debe evitar el error, que hay que hacer bien las cosas a la primera y eso les hace perder la capacidad creativa: les genera miedo al error, les limita la creatividad. Y no es que Robinson dijera que equivocarse sea lo mismo que ser creativo. No lo es. Pero lo que no se puede refutar es que, si no se está preparado para equivocarse, nunca se encontrará nada original.

Quienes escribimos de manera intuitiva sabemos que nos equivocaremos, que las cosas no salen a la primera, que necesitamos errar unas cuantas veces. Para llegar a escribir una novela de 200 páginas, debemos ensuciar 400 y recortar tantas veces como haga falta, pero si no hubiéramos escrito las 200 páginas que acaban en la papelera, tampoco habríamos conseguido escribir las 200 que al final serán la novela.

En el jardín de nuestra escuela, pues, jugamos con la creatividad, animamos a los alumnos a no angustiarse si aún no saben adónde van, porque a veces el camino es lo que nos indica el destino, y no al revés.

Ahora bien, si eres de los que ya sabe adónde va, también te sabemos guiar porque, de hecho, las herramientas son las mismas para quien escribe de forma intuitiva o quien escribe de forma racional: la diferencia es en qué momento las pones en práctica.

Yo siempre cuento que cuando tenía veinte páginas escritas de mi primera novela, y un agente literario me animó a continuar (porque allí se veía una novela) si el agente me hubiera dicho «antes de continuar haz una sinopsis», jamás habría escrito nada más. Y por suerte no me pasó, el agente literario que me animó a continuar no sabía dónde iría a parar la historia (y yo tampoco lo sabía todavía) y no me pidió que lo esclareciera. Y esto me permitió no bloquearme.

Porque yo nunca sé lo que estoy escribiendo hasta que termino. Y, por tanto, redacto la sinopsis una vez he encontrado toda la historia, y no al principio.

Y mi convicción de que se puede llegar a una historia redonda, aunque al empezar no sepas dónde vas, es lo que ha hecho que el Laboratori de Lletres sea lo que es ahora. Una de las pocas escuelas de escritura donde sabemos guiar a los escritores intuitivos.